Victoria Caballero: cambió ira por amor.

Ya han pasado cuatro años. Tal vez no hay tiempo suficiente para olvidar, pero sí para perdonar. Victoria ya perdonó a los miembros de su familia que le dieron la espalda y la acusaron de mentirosa cuando denunció haber sido víctima de abuso por parte de su padrastro.

De sonrisa cortés, gestos delicados y ojos tiernos: así es ella. Esta joven de 19 años cumple a cabalidad con todas las normas sociales de educación y uno la siente amiga apenas al verla. Cambió ira por amor, desconfianza por abrazos. Un cambio abrupto tal como ocurrió en su vida.

Tras la intervención del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), fue colocada en el Hogar Siembra, una organización no gubernamental que acoge a niñas víctimas de maltrato o abusos, ahí vivió desde sus 15 años hasta los 18. Ahora, se destaca como una colaboradora sobresaliente en la empresa DHL y como una mujer independiente.

En este hogar se realizó la entrevista, ahí se siente segura para hablar de su pasado. “Sentía mucho miedo y depp_650_1sconfianza”, y, con los ojos nublados, repite esas dos palabras cada tanto. Miedo y desconfianza del cariño que la acogió. Miedo y desconfianza de la gente. Miedo y desconfianza del futuro.

Ella aún no sabe de dónde, pero de algún lugar agarró valor para denunciar su situación. “Al inicio creí que mi situación era normal porque a una compañera de la escuela le sucedía lo mismo y pensé en quedarme callada y esperar que las cosas pasaran”, sin embargo, a pesar de esa imagen distorsionada de lo que es normal, Victoria se sentía mal consigo misma.

Hablar significó romper con una cadena de abusos. “Creo que en mi familia, muchas mujeres sufrieron lo mismo y por eso intentaron evadir la situación”. Con su determinación, el silencio no fue alternativa.

Al preguntarle por su vida actual, responde con un suspiro como si se hubiera quitado un peso de encima. Victoria respira largo y profundo.

Mientras el culpable continuó con su vida en Coto Brus, esta joven fue desligada de su entorno, trasladada a San Rafael de Alajuela y tuvo que adaptarse a un nuevo hogar. “Fue duro”, dice mientras toma un sorbo de agua que le impide romper en llanto. “A pesar de todo, quise darme la oportunidad”.

Darse esa oportunidad significó aprovechar las lecciones académicas, las clases de hidroponía y de cocina, entre otras. Mientras habla, aprovecha para dar la receta de una de las mermeladas que producen en Hogar Siembra. “Cien gramos de piña rallada, 100 de papaya y 200 de azúcar; lo pone al fuego y lo mueve constantemente”. Como resultado de su estrategia de mercadeo, hubo que comprar mermelada al finalizar la entrevista. Deliciosa.

Hidroponía era su espacio favorito porque “aunque se despedazan todas las uñas cultivando, es una tarea muy relajante”, asegura.

Las ganancias recibidas por los productos que las jóvenes realizan, se les guardan en un ahorro que termina siendo una ayuda para cuando las jóvenes estén listas para egresar del hogar.

Según la encargada de gestión del Hogar Siembra, Cindy Centeno, Victoria es el ejemplo de los valores que pretende inculcar el Hogar Siembra: responsable, empeñada, educada, independiente, en paz. “Las chicas que continúan acá la admiran, es su ejemplo a seguir y se alegran cada vez que ella viene de visita”, cuenta.

Lo comprobamos. Victoria camina por corredores de lo que fue su escuela, su casa y su familia, y cada tanto se detiene a conversar con alguna chica, a darles consejos o a regañar a las desobedientes.

Un hogar lleno de esperanza

Desde hace 30 años, el Hogar Siembra se dedica a rescatar  niñas y mujeres adolescentes en riesgo social, ayudándolas a superar problemas de abuso y violencia intrafamiliar y dándoles herramientas prácticas para afrontar el futuro.

Actualmente hay 36 chicas que conviven, estudian, reciben lecciones de cocina, bisutería, hidroponía, inglés y sobre todo, aprenden que la felicidad es posible.

El hogar es avalado por el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) y subsiste con apoyo de instituciones y personas. Además de la educación, las jóvenes reciben atención médica, nutricional y sicológica.

Cerca de 200 mujeres han pasado por el centro y muchas de ellas han salido con un proyecto de vida esperanzador.

El lema de Hogar Siembre es “una niña que se salva es una generación que se rescata”.

..FUENTE:

Revista Perfil
Mónica Morales
Fotos Germán Fonseca


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